Todos tenemos expectativas en las relaciones, aunque no siempre seamos conscientes de ellas. Esperamos determinadas muestras de cariño, una forma concreta de comunicarnos, cierto nivel de compromiso o incluso que nuestra pareja sepa qué necesitamos sin tener que explicárselo. El problema no está en esperar algo de una relación, sino en convertir esas expectativas en reglas que la otra persona desconoce o no puede cumplir.
Además, muchas de estas ideas no aparecen cuando comenzamos una relación. Las llevamos con nosotros. Se construyen a partir de nuestras experiencias anteriores, la forma en la que hemos aprendido a relacionarnos, nuestros valores y aquello que consideramos normal dentro de una pareja. Por eso, dos personas pueden quererse y, aun así, tener ideas muy diferentes sobre cómo debería funcionar su relación.
Cuando estas diferencias no se hablan, pueden aparecer frustración, discusiones y decepción. Pensamientos como «si me quisiera, sabría lo que necesito» o «una pareja debería hacer esto» pueden parecer evidentes para quien los tiene, pero la otra persona no tiene por qué compartir el mismo concepto de relación. Aprender a distinguir entre expectativas, necesidades y acuerdos puede cambiar considerablemente la manera en la que nos vinculamos.
Qué son las expectativas en las relaciones
Las expectativas son ideas o creencias sobre lo que esperamos que suceda. Aplicadas a una pareja, pueden abarcar prácticamente cualquier aspecto del vínculo: desde cuánto tiempo deberíamos pasar juntos hasta cómo tendría que reaccionar la otra persona cuando estamos tristes.
Algunas expectativas son explícitas. Por ejemplo, podéis haber hablado de fidelidad, convivencia, hijos o proyectos de futuro. Otras, en cambio, permanecen implícitas porque asumimos que son evidentes.
Ahí suelen aparecer muchos problemas.
Quizá para ti sea completamente normal hablar todos los días cuando estás en pareja, mientras que para la otra persona pasar varias horas sin escribirse no tiene ninguna importancia. Ninguno tiene necesariamente razón o está equivocado. Tenéis expectativas diferentes sobre el contacto y la cercanía.
Por ello, tener expectativas no es algo negativo. Es prácticamente inevitable. La cuestión es si esas expectativas son flexibles, realistas y comunicadas o si esperamos que nuestra pareja las cumpla sin haber hablado nunca sobre ellas.
De dónde vienen nuestras expectativas en las relaciones
No construimos nuestra idea del amor desde cero.
Nuestra forma de entender una pareja puede estar influida por la familia, las relaciones anteriores, las experiencias afectivas, el entorno social, las películas, las redes sociales e incluso las experiencias negativas que queremos evitar.
Por ejemplo, si has vivido una relación donde apenas recibías atención, quizá en la siguiente valores especialmente la disponibilidad emocional. Si creciste en un entorno donde los conflictos se evitaban, podrías interpretar una discusión como una señal de que algo funciona mal.
Además, nuestras propias necesidades también influyen. Lo que una persona considera imprescindible puede resultar secundario para otra.
Ser consciente de este origen permite dejar de tratar determinadas expectativas como verdades universales y empezar a preguntarte si realmente responden a lo que necesitas actualmente.
Expectativas saludables y expectativas poco realistas
No deberíamos intentar eliminar todas nuestras expectativas para evitar sufrir. Esperar respeto, comunicación o reciprocidad no es lo mismo que esperar que una persona satisfaga absolutamente todas nuestras necesidades.
Las expectativas saludables en una relación suelen dejar espacio para la individualidad y la negociación. Puedes esperar que tu pareja respete tus límites, pero no controlar exactamente cómo debe comportarse en cada situación.
En cambio, una expectativa empieza a resultar problemática cuando es rígida, imposible de cumplir o convierte a la otra persona en responsable exclusiva de nuestro bienestar.
Ejemplos de expectativas poco realistas en una pareja
Algunas ideas pueden parecer románticas o incluso lógicas hasta que analizamos lo que implican en la práctica. Entre ellas encontramos:
- esperar que tu pareja sepa lo que necesitas sin decírselo;
- pensar que si existe amor nunca deberían aparecer conflictos;
- esperar estar siempre de acuerdo;
- creer que tu pareja debe hacerte feliz constantemente;
- interpretar la necesidad de espacio personal como falta de amor;
- esperar que una persona cambie aspectos fundamentales de sí misma;
- pensar que una relación sana exige pasar todo el tiempo posible juntos;
- comparar continuamente vuestra relación con otras;
- esperar que el deseo, la intensidad o la atención sean idénticos durante todas las etapas de la relación.
Estas expectativas pueden generar una sensación permanente de que «algo falta», incluso cuando existe un vínculo satisfactorio.
Además, cuanto más rígida sea nuestra idea sobre cómo debería comportarse una pareja, menos espacio tendremos para conocer a la persona que realmente tenemos delante.
Cómo afectan las expectativas a las relaciones de pareja
Las expectativas no suelen generar conflictos únicamente por aquello que esperamos. También influyen en cómo interpretamos lo que ocurre.
Imagina que esperas que tu pareja organice algo especial por vuestro aniversario. Nunca se lo has dicho porque consideras que debería salir de ella.
Llega el día y no prepara nada.
Probablemente no interpretes únicamente el hecho objetivo. Puedes pensar: «no le importo», «yo hago mucho más por esta relación» o «si me quisiera, habría pensado en ello».
Sin embargo, quizá para tu pareja celebrar aniversarios nunca haya tenido especial importancia.
Esto no significa que debas conformarte ni que tu decepción sea absurda. Significa que una expectativa no comunicada se ha convertido en una conclusión sobre los sentimientos de otra persona.
Cuando esperas que tu pareja adivine lo que necesitas
Esta dinámica es especialmente habitual.
«Debería darse cuenta».
«Si tengo que pedírselo, ya no lo quiero».
«Después de tanto tiempo tendría que conocerme».
Aunque una pareja pueda aprender progresivamente a identificar nuestras emociones y necesidades, no puede leer nuestra mente.
Además, las personas cambian. Lo que necesitabas hace dos años puede no ser lo mismo que necesitas actualmente.
Comunicar una necesidad no le resta valor al gesto de la otra persona. Al contrario, permite que tu pareja conozca mejor cómo puede relacionarse contigo.
Esperar silenciosamente y utilizar después el incumplimiento como prueba de falta de amor suele generar resentimiento.
Expectativas, necesidades y límites: no son lo mismo
Estos conceptos pueden confundirse, pero diferenciarlos resulta muy útil.
Una expectativa es aquello que anticipas o deseas que ocurra. Una necesidad hace referencia a algo importante para tu bienestar emocional o para poder sentirte cómodo dentro de la relación. Un límite establece qué estás dispuesto a aceptar y cómo actuarás ante determinadas situaciones.
Por ejemplo, puedes tener la expectativa de hablar con tu pareja varias veces durante el día. Tu necesidad puede ser sentir conexión y comunicación. Sin embargo, eso no significa necesariamente que hablar cada dos horas sea la única manera de satisfacerla.
Esta diferencia abre espacio para negociar.
Quizá uno prefiera muchos mensajes breves y el otro apenas mire el teléfono mientras trabaja. Podéis encontrar otra forma de mantener la conexión que resulte satisfactoria para ambos.
Por el contrario, cuestiones como el respeto, la seguridad o determinados acuerdos fundamentales pueden tener un peso diferente. No todo debe reducirse a «tienes demasiadas expectativas».
Si necesitas compromiso y la otra persona no quiere una relación comprometida, quizá el problema no sea que alguno tenga expectativas incorrectas. Puede existir una incompatibilidad real.
Cómo gestionar las expectativas en una relación
Gestionar las expectativas no consiste en rebajarlas hasta aceptar cualquier cosa. Tampoco significa dejar de esperar afecto, compromiso o reciprocidad.
Consiste en revisar qué estás esperando, por qué es importante para ti y si la otra persona conoce esa necesidad.
Identifica lo que esperas antes de exigirlo
Cuando algo te moleste, intenta detenerte antes de concluir que tu pareja ha actuado mal.
Pregúntate: ¿qué esperaba que ocurriera?
Quizá esperabas que te escribiera al llegar a casa, que defendiera tu postura delante de otras personas o que supiera que necesitabas apoyo en lugar de consejos.
Después puedes preguntarte si esa expectativa había sido comunicada.
Este ejercicio no pretende invalidar tu malestar. Sirve para entenderlo mejor y evitar que una necesidad concreta termine convirtiéndose en una acusación general como «nunca estás cuando te necesito».
Comunica necesidades concretas
Cuanto más específica sea la comunicación, más fácil será encontrar soluciones.
«No eres cariñoso conmigo» resulta difícil de interpretar. En cambio, «para mí es importante que tengamos momentos de afecto físico incluso cuando estamos ocupados» explica mucho mejor qué necesitas.
También conviene evitar convertir las preferencias en normas universales.
En lugar de «todo el mundo sabe que esto se hace cuando tienes pareja», puedes decir «para mí esto es importante dentro de una relación».
El cambio parece pequeño, pero permite conversar en lugar de obligar a la otra persona a defenderse.
Revisa si existe reciprocidad
Flexibilizar expectativas debe ser un trabajo compartido.
Si eres siempre tú quien comprende, se adapta, espera o renuncia, quizá ya no estés ante un simple problema de expectativas.
Una relación saludable necesita negociación. A veces cederás tú y otras veces lo hará tu pareja. En determinadas cuestiones encontraréis una alternativa intermedia y en otras descubriréis que existe una diferencia importante que necesitáis abordar.
Adaptarse no significa desaparecer dentro de la relación.
Las redes sociales y las expectativas sobre el amor
Actualmente también construimos parte de nuestras expectativas observando relaciones ajenas.
Vemos viajes, regalos, pedidas de matrimonio, desayunos preparados, mensajes románticos y parejas aparentemente felices. Después podemos mirar nuestra propia relación y preguntarnos por qué no se parece a eso.
El problema es que estamos comparando nuestra experiencia cotidiana con una selección de momentos ajenos.
No vemos necesariamente las discusiones, los problemas económicos, las inseguridades, el cansancio o las dificultades de comunicación que pueden existir detrás de una fotografía.
Además, una relación saludable no tiene una estética concreta.
Una pareja puede publicar constantemente contenido romántico y tener problemas importantes. Otra puede no compartir prácticamente nada y mantener un vínculo satisfactorio.
Cuando utilizamos modelos externos para determinar cómo debería sentirse o verse nuestra relación, corremos el riesgo de dejar de preguntarnos algo mucho más importante: si el vínculo que tenemos responde a nuestras necesidades reales.
Qué hacer cuando las expectativas de pareja son diferentes
No todas las diferencias pueden resolverse simplemente comunicándonos mejor.
Podéis tener expectativas distintas sobre convivencia, exclusividad, hijos, economía, tiempo compartido, sexualidad, familia o proyectos de futuro.
En esos casos, hablar permite descubrir si existe margen de negociación.
Es importante hacerlo sin intentar convencer automáticamente al otro de que nuestra forma de entender una relación es la correcta. La pregunta no debería ser únicamente quién tiene razón, sino si podéis construir acuerdos con los que ambos os sintáis cómodos.
En algunas cuestiones será posible encontrar un punto intermedio. En otras, las diferencias pueden revelar una incompatibilidad importante.
Reconocerla no convierte necesariamente la relación en un fracaso. A veces querer a alguien y poder construir con esa persona el tipo de relación que necesitas son cuestiones diferentes.
Cuándo acudir a terapia por problemas de pareja
Cuando las expectativas generan discusiones constantes, puede resultar difícil distinguir el problema actual de todo el resentimiento acumulado.
Quizá ya no discutís únicamente porque uno necesita más tiempo juntos. Discutís también por todas las ocasiones anteriores en las que uno se sintió ignorado y el otro, presionado.
En estos casos, la ayuda psicológica puede ser útil para identificar los patrones que se repiten.
También puede ser recomendable buscar apoyo cuando:
- discutís repetidamente por los mismos motivos;
- uno siente que nunca recibe suficiente y el otro que nunca puede cumplir las expectativas;
- tenéis dificultades para expresar necesidades sin discutir;
- existe resentimiento acumulado;
- alguno ha empezado a renunciar sistemáticamente a sus necesidades;
- no conseguís alcanzar acuerdos sobre cuestiones importantes;
- las expectativas están generando ansiedad, inseguridad o dependencia emocional.
La terapia puede ayudar a trabajar tanto aspectos individuales como dinámicas de pareja. El objetivo no es decidir quién tiene razón, sino comprender qué necesita cada persona, cómo se está comunicando y qué posibilidades existen de construir una relación más saludable.
Expectativas en las relaciones: construir acuerdos en lugar de esperar que te adivinen
Las expectativas en las relaciones forman parte de nuestra manera de vincularnos. No necesitas dejar de tenerlas, pero sí puede ser importante revisar cuáles proceden de tus necesidades reales y cuáles responden a una idea rígida de cómo «debería» comportarse una pareja.
También necesitas expresarlas. Esperar que alguien interprete correctamente cada silencio, cambio de humor o necesidad puede terminar generando frustración para ambos. Hablar claramente de lo que necesitas permite transformar expectativas implícitas en conversaciones y acuerdos reales.
Y, al mismo tiempo, gestionar tus expectativas no significa acostumbrarte a una relación que no satisface necesidades importantes para ti. Si sientes que las diferencias, las decepciones o los conflictos se han convertido en una constante, trabajar estos patrones con ayuda profesional puede ayudarte a entender qué está ocurriendo. En Psiconterapia puedes solicitar una consulta mediante el formulario de contacto y empezar a construir una forma de relacionarte más consciente y saludable.